Mil espadas me atraviesan la garganta.
Dos mil traspasan mi vientre.
Me obligo a transitar la valentía,
creyendo que puedo sostenerme,
aun
partida de dolor, estarme erguida.
Partida el alma por tu ausencia,
con la lagrima presente.
Y el grito sordo que te llama.
Que te llama,
y vos sin responderme.
No hay dolor más feroz que saberte lejos,
pero quiero resistir y juzgarme fuerte.
Llegar al abismo mas profundo.
Despoblada de tus besos,
mirarme en el espejo.
Estar carente.
Privada de tu oído y tu palabra
Perpetuando tu imagen que me absuelve.
Como alivio fugaz me he permitido
Aspirar tu perfume en la remera
que quedo entre mis cosas, olvidada
y tu mágica esencia me devuelve.
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